Cada encargo arranca con una conversación sobre el contexto real de la marca: para quién es, dónde se va a ver y qué necesita comunicar. Después viene la investigación, los primeros bocetos, la revisión conjunta y la entrega de archivos ordenados. En esta página explico cómo trabajo, qué esperar en cada etapa y cuáles son los límites prácticos de un proyecto de diseño.
Cada encargo se organiza en etapas con entregas parciales y puntos de revisión. Así se evita la improvisación y se mantiene el control sobre los plazos, el presupuesto y la coherencia visual del proyecto.
Antes de empezar un proyecto conviene dejar claros algunos puntos: qué incluye cada etapa, cómo se entregan los archivos y qué queda fuera del encargo. Estas notas evitan malentendidos y ayudan a que ambas partes trabajen sobre la misma base.
Se considera entrega final el conjunto de archivos editables y listos para producción que se detallan en la propuesta de cada proyecto: fuentes utilizadas, archivos vectoriales, maquetas en alta resolución y guías de uso de la identidad. No se incluyen ajustes ilimitados posteriores a la aprobación de la última versión.
Cada etapa contempla dos rondas de revisión sobre el material presentado. Las correcciones que surgen de esas rondas están incluidas en el presupuesto. Si después de la segunda ronda se pide un cambio de dirección conceptual, se cotiza como un trabajo nuevo y se acuerda por escrito antes de comenzar.
La cesión de derechos se activa cuando se completa el pago final. El cliente recibe una licencia de uso para los soportes indicados en la propuesta: impresos, digitales o ambos. Cualquier extensión posterior, como nuevos formatos o territorios, se negocia por separado.
El diseño se entrega listo para enviar a imprenta o a desarrollo web. La gestión directa con imprentas, fotógrafos o programadores queda fuera del encargo salvo que se contrate como un servicio adicional. En ese caso, los costos de terceros se facturan aparte y se coordinan con la agenda del proyecto.
Para arrancar la etapa de investigación hace falta el material de base: historia de la marca, referencias visuales que te interesen, ejemplos de lo que no querés y los objetivos concretos de la pieza. Cuanto más específico sea ese punto de partida, más afinada será la primera propuesta.
El cronograma se fija al inicio y depende de que las aprobaciones y los materiales lleguen en las fechas acordadas. Si una respuesta se demora más de cinco días hábiles, la fecha de entrega se corre en la misma proporción. Los imprevistos de fuerza mayor se renegocian apenas se detectan.
El proceso arranca con una conversación sobre el encargo y termina con la entrega de archivos listos para producción. Cada etapa tiene un entregable claro, así sabés qué esperar y cuándo.
Primera reunión para entender el proyecto, el público y las restricciones reales. Se define el alcance, los soportes y los plazos antes de tocar una paleta o una tipografía.
Reviso el contexto de la marca, la competencia y referencias del rubro. Con eso armo un mapa de direcciones visuales posibles y descarto las que no aportan.
Presento dos o tres caminos conceptuales con paletas, tipografías y bocetos aplicados a soportes reales. La decisión se toma sobre maquetas, no sobre pantallas abstractas.
Con el rumbo aprobado, desarrollo el sistema completo: retícula, piezas impresas, aplicaciones digitales y guía de uso. Incluye dos rondas de ajustes finos sobre el material entregado.
Archivos ordenados por carpeta, formatos de impresión y pantalla, y una guía breve para que el equipo interno pueda aplicar el sistema sin depender de mí. Quedo disponible para consultas posteriores.